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Reunión del pj en busca de la renovación

12/08/2016

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Similitudes y diferencias entre la primera renovación del PJ y la que ahora impulsan gobernadores e intendentes.

La primera renovación del peronismo en los años ochenta tiene, si se quiere, varias semejanzas con el aggiornamiento del movimiento justicialista que hoy fomentan un grupo de gobernadores, legisladores e intendentes del PJ que buscan dar un giro a la conducción partido.

Con todo, del mismo modo son varios los puntos de diferencia, comenzando por el hecho de que la actual regeneración del PJ no cuenta aún con un jefe y candidato para las futuras elecciones que sea indiscutible para todos los sectores.

A la hora de rememorar la gestación de aquella “renovación”, que tuvo en sus inicios como figura excluyente a Antinio Cafiero, surge, sí, rápidamente, una ineludible coincidencia entre la situación que vivía el peronismo en los primeros años de recuperada la democracia y estos tiempos: en uno y otro proceso, la derrota en las urnas del PJ, tanto a nivel nacional como en provincia de Bs. As., fue el disparador para una revitalización del partido fundado por Juan Domingo Perón.

En ese, sentido, la renovación -entendida como un cambio de metodología política-, surgió en el peronismo desde la urgencia de volver a conseguir el poder perdido, tanto en 1983 como el año pasado.

Pero ahí aparece otro lado antagónico: la primera renovación respondió principalmente a las elecciones presidenciales de 1983, cuando Raúl Alfonsín se impuso sobre Ítalo Argentino Luder, en lo que fue la primera derrota electoral del peronismo.

Por el contrario, esta actual transformación tiene lugar, despues del revés en las elecciones presidenciales mediante, tras 12 años de kirchnerismo como máxima expresión de poder.

Esa derrota del peronismo, con Ítalo Luder conforme candidato a presidente generó un duro golpe para el justicialismo, ya que se sumaba a que Perón había muerto en 1974 y, dos años más tarde, la última dictadura cívico militar había derrocado al gobierno de Isabel Perón y llevado a fin un plan sistemático de detención y desaparición de una generación de jóvenes que iban a ser la renovación del peronismo también en el plano de las ideas.

Derrotado por la UCR y en plena crisis, el peronismo quedó en manos del compañero de fórmula, Deolindo Bittel (Chaco), aunque el mucho más poderoso en ese momento era el gobernador catamarqueño Vicente Saadi, quien entonces era el jefe de bloque en el Senado de la Nación, mientras que Herminio Iglesias, , dirigía el partido en Buenos Aires.

Ante esa conducción férrea y sin participación del partido, que ejercían apoyados por los gremios, se inicia un proceso de “renovación” de dirigentes jóvenes que tenían como principal objetivo volver al poder y reconocían que las prácticas metodológicas empleadas en tal ocasión por el justicialismo eran “viejas” y por otra parte se vinculaban a épocas de un país sumergido en la violencia política y, de esta manera, se realiza la quema del ataúd con los colores radicales en el cierre de campaña de Luder.

Varios intendentes bonaerenses apoyaron el debate

Previo a la elección legislativa de 1985, sin internas orgánicas libres en la Provincia, comenzó una discusión sobre el futuro del partido y fue Cafiero, con el apoyo de los en ese momento intendentes Eduardo Duhalde (Lomas de Zamora) y Julio Carpinetti (Florencio Varela), quien pateó el tablero y le ganó a Herminio con una ventaja bastante amplia, postulandose para el Frente de la Justicia y la Democracia y la Participación (Frejudepa), por fuera de la estructura del PJ, y entonces usando el sello de la Democracia Cristiana.

La victoria a diputado nacional de Cafiero en la provincia de Buenos Aires, con el respaldo de unos cuantos intendentes del conurbano bonaerense con la conducción partidaria, tiene una analogía al inicio de este segundo proceso de renovación peronista, que ahora cuenta como protagonistas centrales a los intendentes del llamado grupo Esmeralda, un conglomerado de jefes comunales bonaerenses del PJ, entre nuevos Martín Insaurralde (Lomas de Zamora) y Gabriel Katopodis (San Martín).

Desde esa victoria en el principal bastión del peronismo, la renovación estalló en el resto de las provincias y también la crítica a la vieja conducción se expandió de la mano de dirigentes como Menem, De la Sota, Manzano, Bordón y Marín entre otros.

La idea importante que tenían estos rebeldes en ese tiempo era civilizar al PJ, democratizarlo, alejarlo de la discusión setentista que enfrentaba a sectores antagónicos de la derecha e izquierda peronistas; es decir, renovarle la imagen frente a la sociedad, pareciéndose al radicalismo.

En ese momento, otra similitud entre unos y otros procesos es que los nuevos dirigentes se revelan contra su jefe político y lo acusan de la derrota electoral, tal como sucede en la actualidad con Cristina Kirchner, el candidato presidencial por el Frente para la Victoria Daniel Scioli y el candidato a gobernador bonaerense Aníbal Fernández.

Aquellos renovadores no marcaban fuertes diferencias ideológicas con los dirigentes tradicionales sino que más bien los cambios solían ser de formas porque la doctrina peronista de justicia social, independencia económica y soberanía política que defendían era la misma, al menos antes de la llegada del neoliberalismo.

Se consigue remarcar una última discrepancia no menor con estos tiempos porque el entusiasmo de parecerse más al partido que los derrotó los haría acercarse a la lógica que guía al presidente y líder del PRO Mauricio Macri, lo que pone en una situación más incómoda ya que el radicalismo de Alfonsín no exigía un giro tan rotundo como es la deskirchnerización del peronismo que tiene como desafío la segunda renovación.

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